Mahadevi
Dooley pasó una semana en diciembre del 2004 llevando el campamento
de inglés.Tres días después de llegar a la India,
cuando vi a mis tres hijos adaptarse al continuo sonido de las bocinas
de los coches en la calle, a que no van por carriles (sino por el lado
equivocado de la carretera) y como los describió Nadya Annapurna,
a baños que eran “tan sólo un agujero en el suelo”,
nos vimos haciendo las maletas para emprender un viaje de dos horas
a Panskurna, un pueblo de los suburbios de Kolkata, y colaborar como
voluntarios en el Campamento de Inglés de Ananda Marga.
El campamento estaba emplazado en la escuela Didi Ananda Muktidhara,
un edificio de cuatro plantas a 10 minutos si te llevan en carrito-bicicleta
desde la estación de tren. Didi es una monja de la tradición
yóguica que ha dedicado los últimos 30 años al
servicio de la humanidad. Durante los últimos seis ha estado
encabezando esta escuela que ayuda a muchos niños pobres de la
zona. Normalmente hay inscritos unos 250.
En este lugar, ocuparse
de “las necesidades básicas“ puede llegar a convertirse
en todo un desafío. El agua se saca a mano en cubos del pozo
y se lleva a los baños. Didi sabe que el sistema séptico
de los vecinos ha contaminado su agua, así que para beber la
conseguimos de otro modo (compramos agua embotellada).
En el campamento de inglés se inscribieron unos 50, entre ellos
algunos estudiantes de otras escuelas de Ananda Marga y de centros de
acogida de niños de los alrededores. Seis estudiantes, entre
ellos una huérfana, se alojaron en la escuela todo el tiempo
que duró el campamento, ya que vivían demasiado lejos
como para ir y venir cada día. La niña, Monisha, nos cautivó
y en seguida se hizo amiga de mis hijas; Ciara Jaya y Nadya Annapurna.
Como en la escuela estaban de vacaciones nos pudimos quedar en una de
las aulas. Nuestra habitación tenía un pequeño
servicio y un cuarto donde podíamos ducharnos (uno a parte con
el suelo en pendiente y un agujero en la pared como vía de drenaje).
Cada mañana Didi encendía un fuego en la planta baja y
calentaba agua en un cazo grande. El humo que despedía el fuego
era agobiante y hacía que nos llorasen los ojos. Una vez caliente,
el agua se llevaba a los baños y se mezclaba con fría
en un cubo para el baño.
Nuestro cuarto no tenía instalación eléctrica pero
conseguimos colocar una “caja eléctrica”en él
y conectar los cables de las luces. Y no digo enchufarlos, sino conectar
sus cables, se insertan los dos filamentos pelados directamente en el
enchufe (como se hace con algunos cables de altavoz). La electricidad
en Panskura era mejor que en otros sitios donde habíamos estado,
casi siempre funcionaba. En algunos sitios o no hay electricidad o tan
solo durante unas horas cada noche.
Reinstalamos el teléfono para tener línea en un intento
de conectarnos a internet con nuestros ordenadores portátiles,
pero la linea estaba muy debilitada y había que cambiarla entera
así que resultó prácticamente imposible. La conexión
por marcación del cyber-café local ( como le llaman aquí)
era desesperadamente lenta, pero permitía una comunicación
mínimamente básica.
Malati, una mujer de Inglaterra que ha estado trabajando en la India
los últimos 15 años, fue la que organizó el campamento.
En un principio contaba con tres voluntarios pero dos de ellos no pudieron
venir por determinadas razones en el último momento. Cathrine,
una dinámica chica de 23 años de Cánada que disfrutaba
de las vacaciones que le correspondían por su contrato de un
año como profesora de inglés en Tokio, se unió
a nosotros. Ni Cathrine ni yo estábamos preparadas para estar
al cargo de una clase de niños, pero después de hacer
la primera tarde de asistente de Malati que tenía experiencia
con adultos pero tampoco con niños, nos lanzamos valientes a
la tarea que teníamos entre manos.
Con la ayuda de Malati y sus recursos bibliográficos y nuestra
experiencia, diseñamos un programa dinámico muy en contraste
con el estilo tradicional y monótono que aun perdura en las aulas
de la India. Cathrine se ocupó de los de entre 7 y 9 años,
yo de los de entre 4 y 6. Los profesores habituales de la escuela nos
ayudaron. Sin embargo, la mayoría no entendían mi acento
y descubrí que los niños captaban lo que yo quería
que hicieran mucho más rápidamente que los profesores,
que a menudo se lo explicaban mal a la clase. Insistí todo lo
que pude en el concepto de inmersión lingüística
en mi clase formulando toda instrucción en inglés.
Nuestra clase estaba en la planta de arriba. Nos sentábamos en
el suelo o nos quedábamos de pie, a veces se ponían sacos
de arpillera en el suelo a modo de alfombra. Había una mesita,
un par de sillas tamaño de adultos y dos pizarras. Más
allá de eso el cuarto estaba vacío.Los niños me
llamaban “señorita”. Cuando necesitaban ir al baño
me preguntaban: “¿podría ir al servicio, señorita?”.
Un día cuando estábamos fuera, unos 10 de ellos (chicas
incluidas) me pidieron si se podían ir. Para mi sorpresa en vez
de volver al edificio corrieron unos 30m hasta la charca ¡¡donde
se pusieron a hacer pipí al aire libre!!!
La ayuda de mis tres hijos, Brennan Ishta, Ciara Jaya y Nadya Annapurna
resultó inestimable. Ellos eran siempre los primeros en dar el
paso y ayudar a los niños con las tareas que llevaban a cabo
y en ayudarlos a repasar. Los recursos y el material eran muy escasos.
Los niños tenían su propio libro de ejercicios y algo
para manualidades. Casi no había papel en clase. Pretendí
hacer para los niños carteles con sus nombres. En un primer momento
los hicimos de lo que ellos llaman “papel de manualidades”
que era muy ligero, más o menos como el nuestro de 24 Libras.Se
los colgamos del cuello con cuerdas, pero no terminó la mañana
sin que se rompiesen.
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Pedí
cartón y recibí cajas viejas que podía desarmar.
De forma natural suelo reciclar muchísimo y adoro reutilizarlo
todo, ¡¡pero estas cajas estaban tan viejas que el cartón
se abría!!! Duraba un poco más que el otro papel, pero
tampoco mucho. Hacía esto sobre todo por mí, ¡quería
aprenderme el nombre de mis 21 niños antes del fin del campamento!
(¡aprenderme nombres bengalíes no era tarea fácil!)
También me ayudó a averiguar si todos ellos sabían
escribir el suyo propio. Tan sólo uno estaba aprendiendo a escribirlo
en ese momento, todos los demás tenían una base suficiente
a la hora de hacerlo en inglés y la mayoría lo copiaban
bien de la pizarra.
Para hacer más facil el separarlos en grupos les puse diferentes
símbolos en los carteles con el nombre; cuadrados, círculos,
triángulos, corazones, estrellas y cruces. Así podía
dividirlos mandando a los que tenían un cuadrado con Ciara Jaya,
los que tenían un círculo con Brenan Ishta, etc... Esto
también facilitó que los niños aprendiesen cómo
se dicen las formas en inglés.
Basé la mayoría de mi enseñanza en juegos y canciones.
Por ejemplo, les enseñé la canción “if you
are happy and you know it, clap your hands” . Utilizaba acciones
que más o menos conocían (haz palmas, tócate los
pies, date la vuelta) aunque luego añadí otras nuevas.
Después de repetirlo varias veces, pude cantar la canción
sin moverme dejando que ellos hicieran lo que les pedía en vez
de imitar mis movimientos.
Un juego que les encantaba y también me ayudó a aprenderme
los nombres de los niños era “Who stole the cookies from
the Cookie jar?” (¿quién robó las galletas
de la caja?). Tuve que hacer venir a Malati para que les explicase a
los niños el concepto de robar en bengalí además
de representarlo con una caja de galletas. Cambiamos el “couldn´t
be!” por “not me!” explicar las sutiles diferencias
del “couldn´t be” a niños de 4-6 años
estaba muy por encima de nuestras posibilidades!.
Cada tarde nos reuníamos fuera en el campo con la clase de Cathrine
para hacer juegos al aire libre. ¿Has intentado alguna vez formar
grupos con los niños para hacer carreras de relevos y que ellos
no entiendan que estás haciendo? Lograban numerarse hasta el
4, pero conseguir que se dividieran en grupos según el número
que tenían era otra historia. La idea de correr hasta un punto,
volver, dar el relevo al primero de la fila y ponerse el último
en la cola tampoco les sonaba. Sin embargo una vez que los profesores
bengalíes entendieron lo que estábamos haciendo, se volvió
mucho más fácil. También cuando utilizamos un palito
para pasarlo al que le tocase correr a continuación, aunque al
final creo que algunos de ellos se ponían en la fila equivocada.
¡llegó un momento en el que toda una fila entera se echó
a correr al mismo tiempo!
“Duck, Duck Goose” también les encantaba. Intenté
encontrar una foto de un goose (ganso) en alguna de las enciclopedias
que tenía en el ordenador porque no estaba muy segura de que
los niños supieran lo que era uno. Además jugamos al “Name
Game”, una variante del “Red Rover” que también
me ayudó a aprenderme los nombres. “Cat and Mouse”
que les costaba hacerlo rápido, “Hokey Pokey” (uno
de los preferidos) y un día jugamos al "Limbo” con
una caña de bambú.
Estas sesiones al aire libre resultaban divertidas para todos, poco
a poco se iba acercando gente de la zona para vernos, así como
los tutores (así llaman aquí a los padres) cuando venían
a recoger a sus hijos.
Navidad cayó en el cuarto día de campamento. Desde luego
no se celebra tanto en la India como en EEUU, pero hay conciencia de
la fiesta. Cathrine echaba de menos a su familia de Canadá, así
que le preparamos una fiesta sorpresa esa tarde. Expliqué a mi
clase con dibujos y fotos (con ayuda de Brennan Ishta, Ciara Jaya y
Nadya Annapurna) qué eran Papá Noel y los Árboles
de Navidad. Entonces coloreamos un Árbol de Navidad hecho de
papel y le pusimos adornos. Malati y yo compramos pequeños regalos
para los niños y un sari precioso para Cathrine. Pusimos velas
en un pastel que trajo uno de los tutores y a las 4 de la tarde disfrutamos
de una encantadora celebración navideña.
A los niños les encantaba cantar canciones. Como había
que diseñar una programación cultural para los tutores
el último día, escogí dos canciones con fácil
baile. Los niños pillaron los bailes con facilidad y casi con
la misma las letras. La primera, “Many, many rivers“ tenía
tres partes. Hicimos pancartas para que las llevasen los niños
con palos y cintas como parte del baile. Enseñamos la otra canción
a la clase de Cathrine y la interpretamos juntos, como otra que nos
enseñó su clase a nosotros. Ellos hicieron un par de canciones
también. Además de la parte de la programación
en inglés, lo niños mostraron otras canciones y bailes
que habían preparado con anterioridad. Ciara Jaya y Nadya Annapurna
participaron también en algunos de los bailes hindúes.
Iban vestidos con saris, llevaban maquillada la cara y manos y pies
decorados con dibujos. Para uno de los bailes utilizaron velas. Como
sólo tuvieron dos días para ensayar, los bailes no estaban
todo lo perfeccionados que deberían, pero a todo el mundo le
encantaron las actuaciones. Manisha, la niña del orfanato, fue
la estrella de la programación al bailar tres veces sola además
de la vez que lo hizo con las chicas.
Nos fuimos justo después de los actos para coger el tren a Kolkata
ya que nos íbamos la noche siguiente. Para alegría de
los niños pudimos llevarnos a Manisha todo el día, ya
que volvería a su Centro Infantil de Acogida vía Kolkata.
A mí me vino muy bien no prolongar la despedida, en los últimos
6 días me había implicado mucho con mis 21 niños.
De mis días en Panskura me llevaré caras sonrientes, ojos
brillantes deseosos de aprender y contentos de verme…una parte
de mi corazón permanecerá siempre junto a ellos.
Siempre se agradecen donaciones para estos proyectos y sponsors para
los niños. A Didi Ananda Muktidhara le gustaría modernizar
su sistema de agua con una bomba hidráulica y un tanque de almacenamiento
en el tejado (y así tener agua corriente en la casa). Este proyecto
cuesta unos 1000 dólares. Si está interesado en hacer
una donación, por favor, para más información contacte
con Malatii (el coordinador voluntario).
Mahadevi Dooley |